Etiqueta: Mindfulness

  • La vida será mejor cuando…

    La vida será mejor cuando…

    ¿Qué tal si hacemos que la vida no sea aquello que te pasa, sino aquello que haces, que construyes, que esculpes mientras la nostalgia, las preocupaciones y las dudas te habitan?

    Hoy siento nostalgia. Se ha instaurado hace unas semanas. Me envuelve y siento el peso dentro. Saldría corriendo, cambiaría toda mi vida de arriba abajo; avanzaría las manillas del reloj para que llegara otro momento; comería o bebería té hasta llenar el vacío que siento dentro. Pero nada de ello me serviría. Lo sé.

    Transito este momento con dificultad, pero convencida que todo cambia, y esto… también cambiará.

    Hay deseos que se amontonan en mí, y la respuesta a ellos es “ahora no se puede”.

    No puedes viajar para ir a tu tierra.

    No puedes ver a tu abuela a sus 93 años.

    No puedes visitar a tu madre a la residencia – es un consúelo que ella ya no añora ni echa de menos -.

    No puedes ver a tus amigas de toda una vida.

    No puedes ver a tu tía, a tu hermano, a tus primas, a tu sobrina… es así.

    No puedes tampoco ir a ver el mar.

    Toca esperar.

    Mientras tanto mi mente, en su afán de encontrar soluciones, me regala “cuándos” y “hasta ques» que prometen una vida mejor. Los escucho sin tomarlos muy en serio aunque también pesan.

    “Cuando tenga mi propia casa, todo será mejor.”

    “Cuando tenga mayor estabilidad en el trabajo estaré más tranquila.»

    “Cuando mi hijo tenga más años, tendré más tiempo para hacer deporte”

    “Cuando vaya a mi tierra me sentiré feliz”

    o…

    “Hasta que no tenga un espacio agradable, no puedo empezar los proyectos con los que sueño”

    “Hasta que no consiga que el trabajo mejore no estaré satisfecha”.

    Y en medio de este torbellino mental y emocional resuena con fuerza una pregunta:

    ¿Y mientras, qué estás haciendo?

    Decía John Lennon que la vida es eso que pasa mientras estamos haciendo otros planes.

    ¿Qué tal si hacemos que la vida no sea aquello que te pasa, sino aquello que haces, que construyes, que esculpes mientras la nostalgia, las preocupaciones y las dudas te habitan?

  • La Atención en los Niños

    La Atención en los Niños

    La atención es un proceso que tiene un impacto fundamental en nuestra vida, a nivel de bienestar, de aprendizaje, de memoria, de eficacia y de regulación emocional.

    Me comentaba una amiga su preocupación porque en la clase de su hija durante el almuerzo les ponen dibujitos, así que su pequeña regresa a casa con la tartera casi llena. No por falta de hambre, sino por distracción – se queda absorta con la pantalla y se le olvida comer -.

    Si algo podemos afirmar en estos tiempos es que las pantallas son cada vez más omnipresentes; aún queriendo desconectar de ellas, no dejan de ganar protagonismo en todos los espacios. ¡Vivimos en la era de las distracciones! Nuestra atención está secuestrada por pantallas que se iluminan, vibran y suenan. Y esto va a ir a más, porque la tecnología no para de avanzar, de darnos facilidades, de ofrecernos oportunidades de agilizarnos la vida y, también, de distraernos.

    La tecnología ha supuesto grandes avances a todos los niveles, sanitario, logístico, empresarial, de relación, etc. El reto que nos presenta es cómo aprender a hacer un uso sostenible de la tecnología. Cómo aprender a controlar la tecnología para no vivir enredados en ella.

    En los últimos años una de las disciplinas que más interés está despertando es el mindlfulness o atención plena. Numerosos estudios científicos hablan de las ventajas de practicar y entrenar para lograr una atención fuerte y flexible centrada en el momento presente. Lo problemático sería una atención rígida, saltarina y que se queda atrapada por los estímulos más llamativos o invasivos .

    La práctica más formal del mindfulness consiste en llevar la atención una y otra vez a la respiración o a las sensaciones corporales. Parece fácil, pero es complicado, sobre todo cuando empiezas a practicar. También se puede entrenar con prácticas “informales”, en situaciones y actividades de la vida diaria: caminar, hacer deporte, comer, cocinar, ducharse, etc.

    Una de las prácticas informales más extendidas, es practicar la atención plena mientras se come. Es decir, poner tu atención en el acto de comer. Las personas que lo practican se sorprenden de los múltiples beneficios. Disfrutas más de la comida y del momento, comes menos, digieres mejor. Y sólo cambiando una cosa: ¡la atención!

    La atención es un proceso que tiene un impacto fundamental en nuestra vida, a nivel de bienestar, de aprendizaje, de memoria, de eficacia y de regulación emocional. Por ello, desde la escuela es importante que se cuide este proceso psicológico tan importante.

    No poner dibujos mientras se come es una manera de cuidar de la atención – tal vez se puedan poner al terminar -. De lo contrario, estamos fomentando una atención dividida, donde un estímulo (los dibujitos) atrapa o secuestra – inevitablemente en estas edades- la mayor parte de la atención, y por tanto, el acto de comer se hace en piloto automático. Dejar que niñas y niños actúen en situaciones tan importantes como la comida en piloto automático es hacer un flaco favor al desarrollo de su atención y a la relación con la comida.

    Aprovechar situaciones de la vida diaria para entrenar la atención de nuestros hijas e hijos, es un regalo precioso que les podemos hacer. Y también es un regalo no debilitar su capacidad de prestar atención plena.

    No hay nada más maravilloso que un/a niña/o que está atenta/o y centrada/o ya sea en un cuento, en un dibujo, en una piedra, en el sonido de un riachuelo, en una taza de chocolate o en la conversación con un/a amiguita/o. Son momentos preciosos cuando los ves con tanta presencia, con tanta atención plena. Están brillantes. Por ellas/os, por nosotras/os, fortalezcamos esta habilidad innata que está en la base del bienestar emocional y de tantas otras cosas.

  • Saber Vivir, Saber Morir

    Saber Vivir, Saber Morir

    A menudo se confunde la aceptación con la resignación. Nada más lejos. Cuando se habla de aceptación significa hacer un hueco a las emociones difíciles (rabias, frustración, tristeza, etc.), escucharlas sin alimentarlas.

    Estos días me he quedado impactada con la partida de Pau Donés. Mi padre murió a una edad parecida a la suya, también de cáncer. Sus historias no tienen nada que ver, pero a mi me ha abierto mi heridita, quizás porque se ha puesto mucho en valor la relación que ha tenido con su hija en sus últimos años de vida. Y yo me siento hija que sabe del dolor de perder un padre cuando todavía eres muy joven, y a la vez, me siento madre y puedo imaginar y sentir en mi propia piel el dolor de dejar a un hijo que está todavía creciendo. 

    Cada historia de vida es diferente, cada dolor es diferente, pero como humanidad compartimos la capacidad de sentir, de amar, de comprender al otro y de aprender con el otro. Las historias ajenas, son también nuestras historias. Estos días estoy intentando ordenar, comprender qué es lo que me ha “tocado” tanto. Hay algo que me inspira profundamente, es el saber morir, o dicho de otro modo, el saber vivir mientras te estás muriendo. Nadie quiere ver morir a las personas que ama, pero creo que la manera de morir marca a las personas que nos quedamos en una dirección u otra.

    En otros artículos he hablado de la flexibilidad psicológica como el conjunto de habilidades que te permiten dar sentido a la propia vida, construir una vida que para ti merece la pena ser vivida. Pero, cuando sabes que te vas, ¿ayuda en algo la Flexibilidad psicológica? Para responder a ello hablaré de un episodio de mi vida personal que me ha marcado profundamente: decir adiós a un amigo con 28 años, la misma edad que yo tenía en ese momento. Años después lo sigo recordando como lo que fue en ese momento: un gran regalo de vida, una fuente de inspiración, a la par que los ojos se me humedecen, y siento una profunda tristeza por no tenerle aquí. Conviven el canto a la vida que él representó, junto al dolor, la rabia y la impotencia de haberle perdido.

    Echando la vista atrás me doy cuenta que, sin saberlo, él desempeñó con maestría la flexibilidad psicológica. Llenó de vida, -de acciones valiosas para él-, sus últimos días. Se enfocó a que sus últimas huellas hablaran de quién era él, de qué era importante para él, y llenó su corazón y el nuestro antes de partir. No era un “super hombre”, era un ser humano excepcional, pero esto no le evitó el miedo, la rabia, la frustración y el dolor inmenso de morir tempranamente… esas emociones las sentía, las tenía, y les pudo hacer un hueco. Las escuchó, las abrazó, las mostró abiertamente en algunos momentos, porque también hablaban de quien era él, hablaban de su amor por la vida y de que su vida se acababa. Vivió con aceptación su proceso.

    A menudo se confunde la aceptación con la resignación. Nada más lejos. Cuando se habla de aceptación significa hacer un hueco a las emociones difíciles (rabias, frustración, tristeza, etc.), escucharlas sin alimentarlas. Saber que la enfermedad avanza y que tu cuerpo y la medicina no puedenremediarlo genera, naturalmente, emociones difíciles. Ello pone delante de ti dos caminos: uno en el que escoges que, a pesar de estas emociones, te enfocas a dotar de valor la vida que aún te queda; otro, en el que dejas que estas emociones se apoderen de tus elecciones y dejas de hacer las cosas que son importantes para ti ( no quedas con las amistades para que no te vean triste, no haces una fiesta porque “nada sirve para nada”, no coges el teléfono para no romper a llorar, etc.) 

    Cuando hablo de aceptación me refiero a la primera elección: saber que las emociones difíciles están ahí, como respuesta a la situación que estás viviendo. Las acoges como lo que son y a la vez centras tu atención y tus esfuerzo en que la vida que te queda por delante esté cargada de sentido, de valor, y de satisfacción personal. No hay resignación, al contrario, hay elección. La aceptación no es un destino final, es un proceso que haces a cada momento, a cada elección: sales aun con miedo de llorar; quedas con tus amistades aún sabiendo que la tristeza de dejarles te va a venir; organizas una fiesta aún sabiendo que habrá momentos para sentir la enorme pena de dejar la vida.

    La presencia, o la capacidad de no vivir enredado en tus pensamientos, sino anclado en lo que sucede en este momento. De nuevo, no es “no pensar en el futuro”, ya que paradójicamente el sentido de temporalidad da fuerza a la intensidad con la que vivir el presente. No es fácil estar presente en una situación tan extrema, y al mismo tiempo, estar presente dota de sentido aquello que haces. Te ayuda a regresar a casa con el corazón lleno, y ayuda a la gente que está contigo a sentirse llenos de ti. Y algo he aprendido de las pérdidas: No es lo mismo la ausencia con el corazón lleno del otro, -de su amor, de su presencia, de su ser-, que la ausencia cuando el corazón no ha podido compartir con el otro las alegrías y las tristezas, y sientes un doble vacío, el físico y el del que te hubiese gustado haber compartido. 

    Así que cultivar la flexibilidad psicológica nos ayudará en cada paso que tengamos que dar. No para evitarnos el sufrimiento, sino para permitirnos vivir con satisfacción, para permitirnos escoger cómo queremos responder a los retos que la vida nos pone por delante. De nuevo, no para que todo sea fácil, porque a veces todo es muy complicado, sino para que cuando mires atrás puedas decir, “ahí estuve yo haciéndolo lo mejor que pude”. 

    Y para acabar como he empezado, mostrar mi gran admiración por un ser que a pocas semanas de su partida es capaz de sacar un disco, y grabar en videoclip una canción llena de alegría, de vida y de agradecimiento. Gracias Pau “por eso que tú nos has dado”.

  • Estar Presente. Flexibilidad Psicológica

    Estar Presente. Flexibilidad Psicológica

    ¡Vive el presente!, es una frase que últimamente escuchamos con frecuencia. Parece un mandato de moda que dará solución a todos tus males. Pero ¿es realmente así? ¿Qué significa «vivir el presente»? ¿Y cómo se hace?

    La radio que no se apaga

    Para responder, déjame que antes te hable de algo muy importante que tú tienes, que yo también tengo, y que todo ser humano tiene: la mente, o «la mente pensante». Podemos decir que es la voz que habla en nuestra cabeza. Si no sabes a qué me refiero, te propongo un experimento sencillo:

    Cierra los ojos y quédate quieta o quieto unos 20 segundos… adelante.

    ¿Qué ha sucedido? Casi seguro tu mente ha estado diciendo cosas como «pues no está pasando nada», o «qué ejercicio tan absurdo», o «¿han pasado ya los 20 segundos?».

    Sigamos. Vuelve a cerrar los ojos otros 20 segundos, pero esta vez intenta que la voz se calle: trata de no tener ningún pensamiento… adelante.

    ¿Qué tal ha ido? Ojo: «no estoy pensando nada» ya es un pensamiento; «lo estoy logrando» ya es un pensamiento. No podemos apagar la mente. Es como una radio sin botón de apagado: vivimos con una máquina de generar pensamientos encendida las 24 horas.

    Presentes sí, atentos no

    ¿Y qué tiene que ver esto con estar presente? Estamos acostumbrados a viajar por la vida casi sin darnos cuenta de lo que hacemos. Antes de cerrar la puerta de casa te preguntas: ¿me he lavado los dientes?, ¿he cogido las llaves? La mayoría de las veces sí — pero todo en piloto automático, sin apenas darte cuenta. Sales de casa, vas a tomar un café antes del trabajo, y cuando vas a por el último sorbo… ¡ya no queda café! ¿Cuándo me lo he acabado?

    La pregunta es: si no estamos presentes en lo que hacemos, ¿dónde estamos? ¿Dónde se ha ido nuestra atención? Porque presentes estamos, pero no atentos. Solemos prestar atención a esa radio incesante que es la mente, a esa cháchara interna que no para. Y mientras tanto actuamos en piloto automático, porque quien tendría que estar conduciendo está entretenido con las emisoras de la radio mental.

    Estar presente significa lo contrario: tener la atención puesta en lo que sucede en este preciso momento, de manera amplia. Si paseas por el bosque, es atender a lo que ves (los árboles, el cielo, los colores), lo que oyes (los pájaros, tus pasos, la brisa en las hojas), lo que hueles, lo que sientes en la piel — incluso a los pensamientos que surgen, sin quedarte enredado en ellos. Cuando la atención se va con la mente pensante, el bosque desaparece: la realidad pierde matices, pierdes nitidez, pierdes disfrute.

    El problema no es el piloto automático

    Aquí viene un matiz importante: el piloto automático no es malo en sí mismo. Levantarme soñolienta por la mañana y dejar que el automático haga su trabajo no me supone ningún problema; incluso es una ayuda. Pero estar jugando con mi hijo en piloto automático —sin prestarle atención de verdad— no es lo que yo escogería para estar con él, y probablemente tampoco lo que él escogería si le ofreciera mis dos modos.

    El problema, por tanto, no es el piloto automático: es que no escogemos cuándo viajamos en automático y cuándo en manual.

    Lo que nos cuesta no estar presentes

    No estar presente tiene consecuencias que van más allá de perderse el café: disminuye la memoria, dificulta la regulación emocional, y alimenta el estrés, la ansiedad, la tristeza y la sensación de vacío. ¿Sabes por qué? Otro experimento:

    Durante los próximos 20 segundos, imagina un alimento —o cualquier cosa— que te dé mucho asco. Con todos los detalles que puedas. Hazlo de veras antes de seguir leyendo… adelante.

    ¿Qué le ha pasado a tu cuerpo? Habrás notado sensaciones en el estómago, en la boca, en la garganta… ¡solo con el pensamiento! Nuestros pensamientos alteran nuestro cuerpo. Si vivimos de manera prolongada rumiando lo que no fue bien o fantaseando con lo que puede ir mal, el cuerpo responde con estrés, ansiedad, tristeza, enfado.

    ¿Significa esto que planificar o recordar es malo? Claro que no: es necesario. Necesitamos anticipar para planificar, y recordar para aprender. Sin ello la vida sería un caos. Lo importante es aprender a discriminar cuándo esos movimientos son útiles y cuándo no. Si estás tomando un baño en la playa, ¿es útil repasar la última discusión con tu compañera? Si estás pasando un buen rato en familia, ¿es útil planificar el trabajo de mañana? Probablemente no.

    Entrenar el piloto manual

    La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que engloba la práctica de mindfulness, nos entrena precisamente en fortalecer el piloto manual: en adueñarnos de nuestra atención para poder escoger dónde la llevamos a cada momento. No para estar siempre «en el aquí y ahora» como un mandato, sino para no perdernos esos pequeños grandes momentos y ser conductores conscientes de nuestra vida.

    Si quieres empezar a practicar desde ya, te propongo un ejercicio. Escoge una actividad cotidiana: ducharte, comer, pasear a tu mascota, regar las plantas, hacer la cama… Y durante esa actividad, pon tu atención en el presente a través de los sentidos. En la ducha: el sonido del agua, la sensación de la piel, el olor del jabón, el ritmo de tu respiración. Cuando notes que la atención se ha ido a los pensamientos —que se irá—, con cariño tráela de vuelta a notar lo que estás haciendo. Un aviso: no se trata de narrarte mentalmente lo que haces, sino de sentirlo, de tomar conciencia de lo que está sucediendo.

    En nuestra página de recursos tienes audios guiados para practicar, como el ejercicio de observar la respiración. Y si quieres entender el marco completo del que forma parte esta habilidad, te lo contamos en Qué es ACT.

  • Flexibilidad Psicológica

    Flexibilidad Psicológica

    La vida sólo sucede en presente, pero nuestra mente vive en pasado y en futuro.

    Probablemente te hayas dado cuenta que cada vez hay más gente que sufre de problemas tales como la ansiedad, la depresión, el estrés crónico, entre otros. Nuestros jóvenes empiezan con comportamientos problemáticos a edades más tempranas, y las adicciones van en aumento. Todo ello nos muestra que somos una sociedad donde cada vez se hace más presente la insatisfacción y el sufrimiento. Es paradójico que, gracias a los avances médicos, hemos logrado alargar la esperanza de vida, pero todavía no hemos conseguido encontrar la fórmula para vivir vidas más felices. Vivimos más años, pero no con más satisfacción ni plenitud. ¿No te parece llamativo?

    Es sorprendente que en un mundo donde cada vez todo es más accesible (desde tu casa, a través de internet, puedes conectar con miles de personas, comprar cualquier producto que desees, jugar a miles de juegos o, incluso, ¡ir al psicólogo!) la vida se nos complique. Nos cuesta encontrar satisfacción y plenitud, así como darle sentido a nuestra vida. Cada vez tenemos más estrés, pérdida de vitalidad y desconexión.

    El interés de la psicología ha sido ayudar a las personas a desempeñarse mejor en sus vidas. Desde la psicología contextual, después de décadas de rigurosa investigación, han encontrado un conjunto de habilidades que ayudan a predecir, con bastante precisión, qué tal nos irá en la vida. Predice aspectos tales como si vas a desarrollar algún trastorno psicológico, si te irá bien en el trabajo, si tendrás relaciones saludables, etc. A este conjunto de habilidades se le ha llamado Flexibilidad Psicológica.

    Se ha estudiado la Flexibilidad Psicológica en diversos ámbitos: en padres y madres, en el ámbito laboral, en deportistas, en jugadores de ajedrez, en estudiantes universitarios, en adolescentes, en personas con cáncer, en personas con dolor crónico, etc. Es decir, cuenta con la suficiente evidencia científica como para tomarte muy en serio la Flexibilidad Psicológica.

    Pero voy al grano, ¿qué es esto de la Flexibilidad Psicológica? 

    Lo primero y más esperanzador es que no se trata de una cualidad. Es decir, no es algo que “lo tienes o no lo tienes”. Es un conjunto de habilidades que se entrenan, en cualquier momento y a cualquier edad. ¡Una gran noticia!

    Y te preguntarás,… ¿cuáles son estas habilidades que debería entrenar? Te las explico; aunque las describa por separado, hay que pensar en ellas como procesos interrelacionados, donde las unas se apoyan en las otras.

    La primera habilidad, tiene que ver con dejar de pelear contigo. Aprender a reconocer las propias emociones, sensaciones y pensamientos sin juzgar, y con la actitud de permitir que “estén”. Seguramente, a veces, pierdas mucha energía intentando no sentirte triste, o con ansiedad, o con miedo; o peleando por no tener determinados pensamientos que juzgas como negativos. Pero lo cierto es que, a pesar de los esfuerzos, sigues teniendo pensamientos, emociones y sensaciones difíciles. Paradójicamente, cuanto más te quieres deshacer de ellos parece que más intensos se hacen.Entonces, ¿qué tal aprender a no pelarte con ello?

    Esta habilidad te invita a permitirte sentir emociones difíciles; a que determinados pensamientos “pasen” por la mente y no juzgarte por ello. También te invita a tratarte con delicadeza, a acoger estos momentos de dificultad y “sostenerlos” con cariño, como una madre amorosa sostiene a su bebé asustado. ¿Te imaginas como sería empezar a tratarte amorosamente? ¿Te imaginas como sería aprender a estar contigo y sostenerte en los momentos difíciles?

    La segunda habilidad es “aprender a estar en lo que estás”, a estar más presente en tu vida. Dejar de vivir en piloto automático para vivir con presencia. Esto significa adueñarte de tu propia atención. 

    ¿Cuántas veces has perdido el hilo de una conversación porque tu atención estaba en “otras cosas”?

    La vida sólo sucede en presente, pero nuestra mente vive en pasado y en futuro.

    El café que te tomas por la mañana sabe delicioso si lo saboreas con atención… pero si lo tomas con la atención puesta en otro sitio, ni te enteras. ¿Cuántos momentos de tu vida te pierdes por no estar con la atención puesta en el presente? La alegría de vivir, la satisfacción, la plenitud, surgen cuándo eres capaz de vivir en presente, de abrazar lo que está sucediendo aquí y ahora.

    La tercera habilidad habla de lo que te hace ser tú, de lo que te mueve, de lo que te duele, de lo que te inspira. Significa conectar con aquello realmente importante para ti, y tomar tus decisiones diarias en base a ello. Implica actuar con integridad, coherencia y compromiso con aquello que verdaderamente valoras. Y a veces esto es realmente complicado, pero tiene una ventaja, vives con gran satisfacción tu vida.

  • Tú también fuiste Adolescente

    Tú también fuiste Adolescente

    La adolescencia es una etapa de cambios, de descubrimiento, de altibajos, una maravillosa época en la que se transita de la niñez a la edad adulta. Es un tiempo desconcertante e inquietante para la mayoría padres y madres; se dan cuenta que su hijo/a se está transformando, y no siempre están de acuerdo con lo que ven. Y quizás en esto consiste la adolescencia, descubrir quién quieres ser, a menudo, por oposición a lo que conoces. La toma de riesgos acordes a la vida (no los riesgos que van en contra de la vida) son necesarios para explorar, descubrir, crecer como persona. Y aunque a veces sea difícil dejarles experimentar, caer, y equivocarse forma parte del proceso de convertirse en un ser adulto.

    Este video es un maravilloso mensaje a madres y padres con hijos/as adolescentes.

    A nosotros nos ha conmovido profundamente.

    Es una invitación para recordar que también estuvimos ahí, que también fuimos adolescentes con dudas existenciales, atascados, con miedos y con grandes esperanzas y sueños.

    Nuestra experiencia en consulta con adolescentes, madres y padres, nos lleva a suscribir cada una de las frases de este video. Puedes verlo en este enlace

  • Porqué Gritan las Personas

    Porqué Gritan las Personas

    Cuenta una historia tibetana, que un día un maestro preguntó a su alumnado lo siguiente: ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?

    Los alumnos pensaron unos momentos:
    -Porque perdemos la calma -dijo uno-, por eso gritamos.
    -Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó el maestro; ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?.

    Los alumnos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a su maestro. Finalmente él explicó:
    -Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

    Luego preguntó: -¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?

    Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente… ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.